La intervención

TRATAMIENTO

 

La intervención: a menudo es utilizada por quienes quieren a la persona afectada y les preocupa su conducta, sea un trastorno de la ingesta, abuso de drogas o alcohol u otras clases de comportamientos autodestructivos. La intervención puede ser un medio eficaz de comunicar su preocupación, establecer algunas reglas y quizás que la persona afectada, decida buscar ayuda.

Para intentar una intervención es necesario estos dos puntos:

1- Si es posible, es positivo comentar la intención con un consejero, clérigo o médico de cabecera.

2- Es necesario planear la intervención con cuidado. Quienes deben de estar allí, padres, hermanos, novios... En general las personas idóneas son las más próximas al paciente, quienes la vean con más frecuencia y aquellas cuyas vidas se han visto afectadas por su conducta.

3- Es necesario conocer los hechos para así poder dar a la afectada razones de su preocupación: No es conveniente criticar y decir " estás destruyendo a esta familia" es perjudicial y melodramático- aunque pueda ser verdad -. En su lugar se podría decir que se siente preocupación por su salud, quizá incluso por su vida.

4- Hay que mantenerse firme. Puede que no se produzca un milagro de la noche a la mañana, pero eso no es razón para cambiar su opinión de que existe un problema.

5- Es normal esperar resistencia de la anoréxica. Obtienen una sensación de orgullo e identidad del hecho de estar delgadas y se sienten atacadas cuando alguien trata de cambiarlo.

6- Es conveniente documentarse. Hay que leer bibliografías sobre el tema de la ingesta, ver si hay algún programa o campo de apoyo en su comunidad.

7- Hay que recordar en todo momento el propósito de la intervención. Su objetivo es ayudar a la persona afectada. Si no se consigue la primera vez, hay que continuar intentándolo; no hay que renunciar ni perder de vista el objetivo.

8- Es necesario reconocer los miedos de la paciente. Para una anoréxica, la idea de cambiar de hábitos mantenidos durante meses, quizá años, asusta de verdad porque comenzará a pensar o temer que se está intentando convertirla en una gorda. No hay que minimizar estas preocupaciones aunque parezcan irracionales.

9- No es conveniente esperar. Es muy importante intervenir pronto porque probablemente no se conseguirá resultados inmediatos. Quizás se requieran varios días o varias semanas para que una anoréxica acepte finalmente buscar ayuda.

10- No hay que olvidar las propias necesidades de quien realiza la intervención. Un trastorno de ingesta tiene efectos en la vida de la familia. Es bueno a veces de buscar asistencia sociopsicológica o encontrar un grupo de apoyo para asegurarse de que se está cuidando de manera correcta.

9.2 Planteamiento del problema: Hay mayores posibilidades de que alguien con anorexia no quiera buscar ayuda por si misma, se presentará de mala gana probablemente con uno o dos de los padres. Pero ¿por dónde empezar?

 

 

El médico de cabecera es un buen comienzo. Si ésta no es una opción, actualmente muchos hospitales disponen de programas para el tratamiento de la ingesta. Cuando se plantee esta situación, es necesario buscar un programa adecuado para tratar el trastorno. A la hora de examinarlo habrá que tener en cuenta lo siguiente:

1- Referencias del personal o personas a cargo del programa.

2- Experiencia del personal, el tiempo de existencia ese programa y el porcentaje de éxito.

3- Los componentes del programa, duración del proceso de evaluación y su consistencia.

4- En que consiste y cuanto dura el proceso o período de internamiento y el tipo de medicación así como el período de seguimiento.

5- Informarse acerca de si el seguro pagará todo o una parte del tratamiento.

Por último, una cuestión importante a tener en cuenta a la hora de comenzar un tratamiento de la anorexia es que una relación estrecha y de confianza entre paciente y terapeuta es esencial para la relación terapéutica. La paciente debe sentirse cómoda con las personas que la están tratando, de lo contrario hay muchas posibilidades de que la terapia no resulte tan eficaz como podría.

10.OBJETIVOS DEL TRATAMIENTO

El éxito de la terapia depende de muchos factores, entre ellos:

- La propia personalidad de la paciente y su deseo de cambio.

- La duración de su trastorno.

- La edad a la que comenzó la enfermedad.

- Su historia familiar.

- Nivel de habilidades sociales y vocacionales.

- La concurrencia de otros trastornos como la depresión.

Es importante recordar que no hay una cura milagrosa para los trastornos de la ingesta. Estas enfermedades implican problemas contra los que las pacientes han luchado y seguirán luchando durante la mayor parte de sus vidas, pero un buen programa de tratamiento ayudará a reforzar la autoestima y enseñará a las pacientes a enfrentarse a sus problemas sin recurrir o incurrir en conductas autodestructivas. El programa también ayudará a restaurar la salud y la fuerza física.

En general, los tres objetivos principales de la terapia son:

1.- Mitigar los síntomas físicos y peligrosos o que representen una amenaza para la vida.

2.- Enseñar a la paciente a comer normalmente y a disfrutar de una relación más relajada con la comida.

3.- Investigar, con la esperanza de cambiarlos, los pensamientos destructivos en relación con el comer, el peso y la comida.

11 EL PROCESO DEL TRATAMIENTO

11.1 Evaluación: Antes de que alguien inicie un tratamiento, como paciente interno o externo, debe ser evaluado:

- Su estado físico y mental general.

- La gravedad de su trastorno.

- La eventual existencia de trastornos concurrentes.

- Su voluntad para cambiar.

Para que la terapia de resultado, los médicos y terapeutas necesitan la mayor información acerca de la persona a quien intentan ayudar.

Un trastorno de la ingesta implica todas las facetas de la vida de alguien:

- Su imagen de sí misma.

- Su relación con la familia y amigos.

- Su habilidad para hacer valer sus derechos y dar a conocer sus necesidades.

La mayor parte de los afectados obtienen del trastorno una gran parte de su propia imagen; es decir, mediante éste pueden verse como delgadas o especiales o fuertes. (Sólo hay que imaginarse qué se siente al desarrollar un rasgo del que alguien está especialmente orgulloso, sólo para que le digan que tiene que cambiarlo).

Esta es la tarea a la que se enfrentan las personas que se enfrentan a un tratamiento: Asumir que el rasgo del que se está tan orgullosa, es perjudicial.

Por esta razón, la evaluación ha de ser lo más detallada posible, de manera que el terapeuta pueda adaptar la terapia a cada paciente.